jueves, 30 de junio de 2011

I.- A los que viajan (la vuelta era realmente la ida en más de un sentido)

      Siempre he huido de la literatura de viajes, de su pastosa condición de frase larga y verbo pobre. Nunca la he consumido, como lectura, ni la he practicado, aunque más por incapacidad que por desinterés: no tengo mano para las descripciones, ni ojo para diferenciar un abeto de una estación de tren, ni paciencia para distinguir besos de raíces. Afortunadamente, este blog que ahora nos atañe no quiere ser una guía para mejor recorrer los fiordos, ni un resumen  fotografiado de una semana nórdica con nieve al fondo. Escribo sin embargo, lector, con la esperanza de que esto te ayude a preparar un próximo viaje a Noruega si, como nosotros, consideras que la información rescatada en foros y páginas de interés turístico es siempre sesgada y difusa y a veces contradictoria y en no pocas ocasiones desalentadora. Intentaré demostrar, además, que Noruega, para dos, es, no diré barato pero sí, cuando menos, asequible. 

      Hay un puñado de citas que me gusta cumplimentar, si viajo, un poco como superstición y otro poco por manía literaria, porque adoro comprobar que la vida siempre puede ser una novela o su prólogo, o su intersección, o su moraleja. En este caso escandinavo que nos ocupa creo que todo se resumiría en aquello que decía Cortázar que pensaba Horacio cuando, apenas desembarcado en Buenos Aires de nuevo, después de tanto París, ¨se dio cuenta de que la vuelta era realmente la ida en más de un sentido¨. Así nos sentimos un poco nosotros cuando, tras una semana de mochilas y caminos, acabamos  en Barajas después de un aterrizaje infernal de casi cuarenta minutos, con cara de esto no me puede estar pasando a mí. En realidad, el único pensamiento absurdo que pudo demoler esa sensación de vacío y esas ganas de gritar fue que, afortunadamente, las vacaciones empezaban ahora y que serían una deliciosa travesía de doce meses hasta que el año que viene, el Junio que viene, la vida que viene podamos volver al fin a Noruega porque para nosotros, como para Horacio, la vuelta era realmente la ida, en más de un sentido. Por eso no me permito llorar ahora cuando, con todos los papeles y facturas y billetes y prontuarios y prospectos, acumulados en una semana en el paraíso, dispersos ante mí sobre la mesa, recuerdo cada pequeño paso y nos recuerdo: cómo llorar si hemos venido a España de vacaciones. 


Miércoles 11 de Mayo (Santander-Madrid-Oslo)

      Es lo que antiguamente se llamaba un viaje en avión con escalas. Desde Madrid a Oslo no se tarda ni cuatro horas y en una compañía aérea de bajo coste apenas son 102 euros los dos billetes ida y vuelta. Mientras las nubes intermitentes nos lo permitieron fuimos jugando a ¿qué sobrevolamos hoy? Finalmente ganó Francia por dos votos contra cero e incluso nos pareció ver la fantástica carretera rodeada de agua que llega al Mont Saint Michel. Lo peor, los buhoneros de Ryanair intentando venderte desde una espuma crecepelo hasta lonchas de reno recién curado: unos auténticos pesados de altavoz, sobretodo cuando una quiere dormir y otro pretende seguir las andanzas de Aria Stark en Juego de Tronos


      La primera vista de Noruega, desde el avión, es de un país hecho de agua, por el agua y para el agua: pequeñas islas, grandes lagos, ríos por todas partes. Es alucinante. En los alrededores de Oslo conocimos dos aeropuertos: uno al sur, pequeñito, el primero que visitamos, el de Moss-Rygge, desde donde operan las compañías de bajo coste. Las conexiones en autobús con Oslo y con el otro aeropuerto, el de Oslo-Gardemoen, al norte,  son impecables. Justo en la salida del aeropuerto tienes la parada y en ella un papelito donde te informa de horarios y precios. Nos costó 280 nok, unos 36 euros, el viaje a Oslo, hasta la estación central. Desde ahí dimos un pequeño paseo de diez minutos hacia el primer hostal del viaje, el Anker Hostel en Storgata. La habitación estaba bien, limpia, con un pequeña ducha en el baño y dos camas . Como bien sabéis en la mayoría de hostales y campings  en Noruega las sábanas se alquilan, así que  optamos por llevar las nuestras a modo de  ingenioso saco-sábana muy práctico que quizá inmortalice al final de este blog, pues es todo un descubrimiento. Después de dejar las mochilas y de una reparadora ducha, salimos a conocer Oslo, aprovechando que hacía un tiempo magnífico -19 grados- y que a estas alturas del año en Noruega anochece muy tarde. El paseo nos trajo un Oslo coqueto y empedrado, recogido en sí mismo, pequeño, accesible pero que caía constantemente en la vulgaridad, en lo cotidiano, aunque alejado siempre del gran bullicio de otras capitales europeas, lo cual agradecimos ampliamente. Si acaso, cabe destacar el fuerte Akershus, que domina la parte baja de la ciudad, con sus pequeños homenajes a los caídos en la Segunda Guerra Mundial y sus cañones de réplica y sus tulipanes a juego. Una ciudad, en fin, obviable.
      
Gastos Día Uno

Bus Gijón-Santander:   25 euros
Avión Santander-Madrid: 43 euros
Lotería absurda que me endilgaron en Barajas: 2 euros
Linterna muy útil que compró María: 4 euros
Comida en Barajas: 12 euros
Avión Oslo-Madrid: 51 euros
Bus Rygge-Oslo: 36 euros
Anker Hostel: 75 euros
Compra cena-desayuno: 5 euros

Total: 253 euros (los precios noruegos están convertidos ya a euros. Hay que tener en cuenta que son precios de temporada baja, pues la temporada alta comienza el 1 de Junio)

      


No hay comentarios:

Publicar un comentario