lunes, 27 de junio de 2011

II.C.- El día más largo


     Jueves 12 de Mayo (Oslo-Myrdal-Flam-Gudvangen)


     Flam es un disparo de nieve derretida con, de vez en cuando, alguna casa salpicada por aquí y por allá, que se va licuando valle abajo hasta terminar en un pequeño puerto, una de las múltiples aristas que vertebran el Sognefjord a golpe de transbordador. Sin casi dársena ni muelle, el puerto de Flam  es apenas un puñado de tiendas de recuerdos, un aparcamiento bastante grande, un supermercardo exiguo, un par de hoteles con una pinta excelente y un pub de aspecto normando que nos moríamos por mancillar -ya me imaginaba lanzando jarras de cerveza medio llenas por sobre una montaña de cabezas rubias y cascos cornamentados-. Lacrimosamente, no hubo tal mancille: el viaje del día no había terminado aún y el cansancio empezaba a situarse en zonas varias del muslamen y los hombros. Casi al final del parking encontramos la parada del autobús que necesitábamos para ir a Gudvangen, pueblecito en cuyo camping dormiríamos aquella noche. 

      La red de autobuses en Noruega es una bendición inextricable pero puntual que recorre el país (hasta Trondheim al menos sí, más arriba no me atrevería a jurarlo ante un tribunal) de un modo confuso y equilibrado. Básicamente, cualquier ruta que te imagines es factible aunque, eso sí, hay que tener muy en cuenta los horarios y llevárselos bien anotados: las paradas no son más que un poste azul en mitad de la nada, sin ningún tipo de información sobre horas ni destinos. Como Noruega es infinita, infinitas son sus oportunidades, sus conexiones, sus rumbos posibles: tengo ahora mismo en mis manos un libro de 200 páginas -no es broma- sobre las rutas en autobús en la provincia de Sogn og Fjordane. Para empezar a tejer dichas posibilidades, recomiendo la página de fjord1, muy útil a la hora de saber cómo ir a dónde. Así que, a la hora señalada, paró delante de nosotros un autobús muy mono que nos condujo, múltiples túneles al margen, a Gudgvangen, 13 kilómetros al oeste de Flam. Desde allí, una pequeña caminata de 15 minutos hasta el camping, tropecientas horas y fotos después de salir de Oslo. 



     Esa noche nos tocaba una pequeña cabin amarilla, bastante vieja, con dos literas estrechas, una cocina con nevera, una estufa y una mesa camilla con dos taburetes. Lo mejor, la vista: desde el porche, y al solecillo de última hora de la tarde, se podían contemplar un enorme macizo montañoso repleto de cascadas y bloques de hielo casi al alcance de la mano. Después de una ducha (si habéis leído que ducharse, en los campings noruegos, vale pasta: es cierto. A 10 nok los seis minutos de agua caliente, algo así como 1.3 euros la ducha fugaz. Además, el minutaje lo regula una máquina que solo acepta monedas de 10 así que si vas a ducharte en un camping noruego, lleva cambio), cenamos algo, leímos un poquitín y nos echamos de menos cada uno desde su estrecha litera hasta que vino el sueño, no mucho tiempo después. 


Gastos Día Dos

Tren Oslo-Myrdal (reservado de antemano): 102 euros
Café insípido en el tren: 6.4 euros
Tren Berekvan-Flam: 18 euros
Autobús Flam-Gudvangen: 11 euros
Noche en Gudvangen Camping: 47 euros
Ducha lamentablemente individual: 2.6 euros

Total: 187 euros

1 comentario:

  1. Vaya, pues para no gustarte he de decir que tus crónicas viajeras son bastante apañadas.
    ¿Gudgvangen es tan absorbente como para llevar allí desde Junio o es que no te apetece escribir más?
    Por cierto, he descubierto hoy este blog

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